17/11/08

ZOom…

Él era el mejor escritor; no había ganado premios, pero no los necesitaba. Él jamás había publicado, pero contaba con la aprobación de sus amigos, familiares, conocidos y todos los que leíamos sus cuentos. Sin duda era el mejor escritor.
     Esa noche hurgó hasta el cansancio en su mente, no encontraba más historias que narrar; al parecer había agotado todos sus recursos, pero no quiso, no supo darse por vencido. Así que se decidió y con ambas manos, ocupadas, comenzó a escribir. En la diestra blandía hábilmente su pluma favorita, en la mano siniestra sujetaba una pistola. Comenzó a crear una historia acerca de su escritor favorito. Cortó el cartucho y tomó firmemente el arma. Su personaje entro en un dilema y no sabía que escribir. Alzó lentamente la mano izquierda, a la altura de su sien. El escritor en su cuento comenzó a escribir un cuento. Sintió el frío metal rozar su piel, saborear su mismo sudor. Mientras tanto seguía escribiendo. Decidido y con mano firme apretó el gggggggggggggggggggggggggggggggggggggtbera6vrt8dfzsn8uh9fgx0omipñljgsodydrhjrgjzfbdzfdhgdfhg

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