19/10/09

Herencia

Me diste la vida y la conciencia, sé distinguir entre el bien y el mal; fui creado a tu imagen y semejanza…
¿por qué estabas tan solo y triste cuando me creaste?

Decreto

El último decreto presidencial escupió:

El amor será PRIVATIZADO!

ya no habrá niños gordos y rosados de tanto comer amor,

ya no será cosa de los pobres.


Y yo me pregunto: ¿Cuándo lo ha sido?

¿Cuándo se ha recibido amor sin tener que dar algo a cambio?

Con esta medida, lo que el gobierno busca

es generar una crisis de amor;

¡dieta obligatoria!

Ahora andaremos por la calle con el corazón desnutrido.


Debería otorgarse amor en las calles,

las empresas deberían dar un bono al enamorado del mes,

deberían levantarse por todas las ciudades

enormes estatuas de parejas enamoradas, amándose.


De esta manera seguiríamos muriendo de hambre,

en el subdesarrollo, pero habría un motivo para vivir.

Seguiríamos muriendo pobres,

jodidos, pero enamorados.

10/10/09

Esperanzado

"El beso es hambre de inmortalidad"
(Ramón Gómez de la Serna)

“Beso no dado:
El que en la mente queda
esperanzado…”
(Elías Nandino)
Sigo buscando la isla
en que enterraste el mapa
que me conducirá a tu misterio.

Quiero descubrir el sabor de tu sombra,
el olor de tus ansias,
el color del deseo cuando resuena en tus ojos.

Alúmbrame con tu faro,
trázame el camino hasta tu abismo,
hasta el sueño que inventaremos.

Convídame de tu muerte que estoy mal herido,
o apaga de una vez estos ojos insistentes,
este vacío que intenta absorberte
que carente de materia no deja de necesitarte.

Suicida

Mario sabía que lo encontraría ahí y que estaba armado; de todas formas se atrevió a entrar a su recámara. Estaba muy oscuro, pero su conocimiento del lugar le hizo sentirse confiado y no encendió la lámpara. A través de la ventana entraba la luz de la luna y Mario pudo verlo, parado frente a él, a muy corta distancia. Mario no pudo evitar horrorizarse al verse tan idéntico a él, con el mismo gesto; así que ambos sacaron el arma y al mismo tiempo dispararon.
Mario cerró los ojos por el estruendo del tiro, pero aún así pudo ver cómo la bala lo atravesó, pudo verlo fragmentarse y vio cómo trozos de su cuerpo caían para romperse en el piso.
—Siete años de mala suerte— se dijo Mario y salió de la recámara. Jamás lo volvió a ver.

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