23/1/09

Como cuervo en cautiverio


Nunca más podré reponerme de esa pérdida. Lo tenía, pero no supe apreciar su presencia, su compañía incondicional.
     Disfrutaba de su canto en cautiverio, su oscuro brillo que iluminaba la casa, nuestra compartida soledad tornasolada.

     Pobre, ha de ser difícil limpiarse tan negra reputación.

     Recuerdo la primera vez que lo vi, estaba en la tienda de mascotas, se paseaba una y otra vez frente a mi, con movimientos nerviosos y sin gracia; no fue sino hasta que nuestras miradas de piedra se cruzaron, cuando supe que ese ser sufría un oscuro destino parecido al mío, así fue como me decidí, y nos fuimos juntos a casa.
     Con el tiempo pude darme cuenta de que aquella jaula lo oprimía, había cuentas sin pagar, deudas pendientes, trabajo, escuela, falta de tiempo y una ex-esposa. Todo eso lo asfixiaba.

     Pobre, ha de ser difícil limpiarse tan negra reputación.

     Fue por todo eso, y por que no soportaba verlo llegar borracho y llorar desesperadamente semana tras semana, que una noche dejé intencionalmente la puerta abierta, para que levantara el vuelo sin alas, para que sintiera la libertad dentro de su propia prisión.
     Y así fue, se levantó esa misma noche, se puso su chamarra y botas, no se despidió, sólo me lanzó una mirada interrogante y agradecida, tomó sus llaves y salió al interior de la noche; tal vez vuelva a verlo, o tal vez no lo vea nunca más…

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