3/9/09
III
no sintiera tus arácnidas pisadas en mi espalda?
¿a quién protegerás, en qué miedo te refugiarás?
¿Qué pasaría si vivieras sin mi vida,
si no existiera este cuerpo hecho a tu medida?
¿Qué sombra te protegería, quien sería tu consuelo?
Estáticos permanecemos ante el paso de la vida
contemplamos el espectáculo que hemos preparado
para deleite de nosotros mismos
Tú y yo, solamente, sin motín ni fuga posible.
Colapsados en el tiempo, con nuestras vidas al unísono,
marchamos sigilosamente por el valle de los vivos.
Te conformo y me conformas, te siento y me sientes.
Escuchamos el canon de nuestras voces. En contrapunto.
V
Ya me acostumbré a tu misterio,
a tu infantil fantasía de beber mi sangre,
a verte masticando mi existencia
y sonreír, como si nada pasara.
Ya me acostumbré a tu maldad,
a tener que cumplir día a día tus caprichos,
a sentarme y sentirte destrozando,
acribillando con tu ausencia mi existencia.
Ya me acostumbre a tu maldad,
a tu empeño por aniquilarme,
a tropezar siempre con la misma piedra,
y terminar, desangrado, en medio de tus vías.
Ya me acostumbre a tu ausencia,
al vacío que imprimes con tus besos
a tener que suplirte con otras caricias,
otros cuerpos y otra sangre.
Pero a lo que no me acostumbro
es al deseo que en mí generaste,
a la adicción nocturna de tus caricias,
tus palabras rugiendo en mi oído,
la sed, que tus salados besos despiertan en mi alma,
a la vida que me has dejado como castigo.