3/9/09

V

Ya me acostumbré a tu misterio,

a tu infantil fantasía de beber mi sangre,

a verte masticando mi existencia

y sonreír, como si nada pasara.


Ya me acostumbré a tu maldad,

a tener que cumplir día a día tus caprichos,

a sentarme y sentirte destrozando,

acribillando con tu ausencia mi existencia.


Ya me acostumbre a tu maldad,

a tu empeño por aniquilarme,

a tropezar siempre con la misma piedra,

y terminar, desangrado, en medio de tus vías.


Ya me acostumbre a tu ausencia,

al vacío que imprimes con tus besos

a tener que suplirte con otras caricias,

otros cuerpos y otra sangre.


Pero a lo que no me acostumbro

es al deseo que en mí generaste,

a la adicción nocturna de tus caricias,

tus palabras rugiendo en mi oído,

la sed, que tus salados besos despiertan en mi alma,

a la vida que me has dejado como castigo.

No hay comentarios:

Visitas